Me llaman Roxy y dentro de poco cumpliré 11 años. Estaba muy contenta porque por fin habían llegado las vacaciones de verano, dos meses y medio para ver mis programas favoritos de la tele y jugar con el ordenador a los simpsons, a Rayman y a los sims 2, que es un juego en el que puedes construir casas y crear personajes virtuales.
Sin embargo, aquella noche no había parado de llover, las gotas chocaban contra la ventana, y los rayos de la fuerte tormenta de verano iluminaban la habitación.
-Tengo miedo- dijo Leire acurrucándose bajo las sábanas.
Leire es mi hermana pequeña, tiene 7 años y la gustan mucho los dibujos animados, sobre todo Sinchan, que es un niño que se pasa el día haciendo travesuras.
-Me da miedo la tormenta- Volvió a decir mientras abrazaba su ovejita de peluche con la que duerme todas las noches.
Encendí la luz de la mesilla para tranquilizarla y me dormí soñando que haría en esa situación alguna de las heroínas de mis videojuegos. De pronto se escuchó un gran estruendo y la habitación se quedo a oscuras.
A la mañana siguiente había dejado de llover y el olor a tostadas recién hechas que venía de la cocina me abrió el apetito.
Leire y yo como de costumbre empezamos una carrera por el pasillo para ver quién llegaba primero al salón para coger el mando de la tele, mientras mama terminaba de hacer los desayunos y nos decía que durante la noche un rayo había caído cerca del pueblo y había dejado sin electricidad a todo el municipio. Lo estaban arreglando, pero eso podía durar minutos, horas… o todo el día, ¡un día entero sin televisión ni videojuegos!
-¡NOOOO! Que vamos a hacer ahora, me voy a perder los nuevos capítulos de los Simpsons.- dijo Leire.
-¡Y yo el último capítulo de Aquí no hay quien viva!- grité yo al borde de un ataque de aburrimiento.
Leire sacó la Play Station para jugar una partida a las carreras de coches.
-¡Tampoco funciona!- dijo echándose a llorar. Aún nos quedaba la game boy advance SP, el videojuego de bolsillo que llevamos cuando vamos de viaje, pero cuando la encendí vi que la luz de la batería estaba en rojo, eso significaba que acabábamos de perder la última oportunidad de jugar a la maquinita hasta que arreglasen la electricidad.
Menudo aburrimiento, pensé. Entonces mi hermana sacó las barbies que teníamos olvidadas en el cajón de los juguetes, y empezamos a vestirlas y peinarlas, mas tarde cogimos las Bratz y también las Polly Pocket y sin darnos cuenta llenamos la habitación de casitas, centros de peluquería y complementos en miniatura, ni siquiera oímos a mamá cuando nos llamó para comer.
-La comida está servida- dijo abriendo la puerta de la habitación.
Mi hermana y yo recogimos los juguetes mientras comentábamos lo rápido que se nos había pasado la mañana jugando a las muñecas.
Durante la comida no paramos de hablar de lo divertido que había sido la fiesta de fin de curso y de los planes que teníamos para las vacaciones, iríamos a la playa, quedaríamos con las amigas, e iríamos a Disney Land París.
Por primera vez en mucho tiempo, nuestras conversaciones no se interrumpían cuando acababan los intermedios de los Simpsons.
Después de cepillarnos los dientes fuimos a la estantería de los cuentos y cogí el libro de manolito gafotas, me lo había regalado papa en navidades pero… ¿nunca había tenido tiempo de leerlo?
Como mi hermana quería el mismo libro decidimos leer en alto un capítulo cada una y la verdad es que nos reímos mucho con Manolito, con su hermano al que cariñosamente llama “El Imbécil”, con su mejor amigo, el Orejones, con su novia y novia de todo el mundo, la Bragas Sucias, con Yihad, el chulito del barrio y con la sita asunción.
Cuando nos quisimos dar cuenta eran ya las cinco de la tarde, en el cielo ya no había nubes y el sol invitaba a salir a la calle.
-Leire ¿Qué te parece si nos vamos al parque? A lo mejor están nuestras amigas.
-Tonta la última- dijo Leire mientras se ponía los zapatos y una visera.
A mi hermana siempre le ha gustado hacer carreras para todo.
Cuando llegamos había mas niños que nunca, unos jugaban con los patines, otros hacían carreras con las bicicletas, algunos, vestidos con las camisetas de sus equipos favoritos jugaban a fútbol y se llamaban por otros nombres que no eran los suyos, lo se porque, Luis, mi compañero de clase estaba entre ellos y le llamaban Cañizares, y a otro Raúl y a otro el de la Peña.
Leire enseguida encontró a sus amigas, estaban saltando a la comba y yo empecé a pensar que lo de estar sin electricidad estaba resultando divertido.
En el quiosco de música oí a una niñas que cantaban mientras ensayaban una coreografía, eran mis amigas, estaban Andrea, Saray, Helena y Amaia.
Enseguida me fui con ellas, Baila Morena, UPA dance o A toda mecha son algunas de nuestras canciones favoritas, que esperamos bailar en las verbenas de las fiestas del pueblo, que son dentro de poco.
Estuvimos un rato bailando y mas tarde jugamos a fútbol con los chicos.
Cuando mi hermana y yo llegamos a casa mi madre tenía una buena noticia.
-Ya han arreglado la electricidad, ahora ir a la ducha, poneros los pijamas y venir a cenar, luego podéis ver el último capítulo de Aquí no hay quien viva.
Nosotras estábamos tan cansadas que después de tomar el colacao de todas las noches nos quedamos dormidas.
Esa noche soñé que estaba en el patio del colegio, jugando con mis amigos y amigas a Baloncesto y mi hermana y sus amigas eran las animadoras.
Al día siguiente después de desayunar, encendí el ordenador como de costumbre y vi que Silvia estaba conectada al Messenger. Seguido se abrió una pantalla, era Silvia.
-Hola- me dijo -¿Jugamos al buscaminas?
-Tengo otra idea- la contesté -¿Por qué no quedamos dentro de media hora en la playa?
-Buena idea- Respondió ella. –Hace un día precioso para jugar en la arena y darnos un chapuzón en el agua. Allí nos vemos.
Cerré la pantalla para empezar a vestirme cuando…
-¡Yo también voy!- Gritó Leire desde el salón que acababa de terminar de leer el último capítulo de Manolito Gafotas.
FIN
Judith


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